Sábado
Abro los ojos, y un conjunto de finos rayos luminosos entra por los agujeros de la persiana,
vuelve a estar nublado... la luz es demasiado tenue y deben rondar las 15 horas a juzgar por las peticiones de mi estomago en forma de ruidos de que ingiera rápido algo de comida.
Pienso: ¿Qué día es hoy?, espero que no sea domingo, los domingos nunca me han gustado, aunque recuerdo que este fin de semana incluye el principio de la que viene, el lunes, y permite relajarme en mi búsqueda de la fecha actual. Me quedo tumbado unos 10 minutos más o una hora, en ese momento del día no es fácil calcular el factor tiempo, hago un esfuerzo y después de revolotear un poco más en la cama estiro el brazo para coger mi móvil, las 15:30 y sábado, ¡ buen instante en el que empezar el día !
Bajo las escaleras imaginando los manjares más exquisitos y abundantes de la tierra, canelones rellenos de carne con tomate frito casero y bechamel esponjosa, o huevos fritos con patatas y jamón serrano, o un caldito, para recomponer el cuerpo, y un buen filete de ternera... desear es gratis, pero la comida no, y mi nevera está vacía de manjares, tan sólo un cartón de leche, una bolsa de queso rallado y un poco de embutido, ésto no va a saciar mi hambre. Así que decido coger el coche y acercarme al restaurante de comida rápida más cercano, tengo que empezar a cambiar estos hábitos, no puede ser bueno si les llaman "comida basura". Vuelvo a casa, para tumbarme en el sofá a ver una película, mientras hago la digestión, es tan entretenida que no puedo evitar quedarme dormido, hasta que suena el teléfono. Es mi amigo Manuel diciendo que va a ver el fútbol en su casa, el plan me parece perfecto para un sábado de lluvia, y nos juntamos unos cuantos en su buhardilla. Pasamos una noche agradable entre risas, conversaciones y fútbol, hasta que a las segundas 2:45 de la mañana ( 3:45 hora sin cambiar ) decidimos dejar descansar al anfitrión, que al día siguiente le espera un duro día de trabajo, y volver a nuestros respectivos hogares.
Domingo
Me despierto, como siempre, sin orden en mi cerebro, no puedo moverme ni discurrir con sencillez, y siento el sol en mi piel, ¿Dónde estoy? me pregunto.
Puede que los cócteles y los excesos del crepúsculo previo estén extinguiendo mi mente.
Sólo debo huir de los conceptos de mi intelecto y ver el mundo existente, no puedo, mis ojos prosiguen obstruidos por un ente superior. Pienso resolverlo, y en poco tiempo ser un hombre libre sin sujeciones, poder moverme, oler, divertirme y sentir el mundo. Me concentro y lo intento sin cese, mi subconsciente es muy fuerte, no puedo desentenderme de un sueño, me recoge fuertemente y me seduce de nuevo en su hechizo. El tiempo crece y decrece sin orden, los momentos, los segundos y los minutos no tienen fin, el sueño no concluye. El dolor es el único remedio. Decido morder mi dedo con vigor, de pronto un remolino de emociones crece en mi interior y despierto sorprendido en mi dormitorio, es de noche y noto fuego en mi sien, tengo fiebre. Lo mejor es seguir en mi domicilio y no moverme mucho, he concluido comer un poco de sustento, ver un filme de Scorsese y dormir de nuevo.
Lunes
A las 8:30 de la mañana suena el despertador, esta vez es por una buena causa, a pesar de ser lunes. He quedado con unos amigos para ir a la Pedriza a disfrutar de un día de campo y escalada. A las 10:30 llegamos al aparcamiento de Manzanares el Real y tras discutir durante una media hora, café en mano, el destino a seguir, decidimos aventurarnos en las "Placas del halcón", una bonita pared de granito de unos 200 metros aproximadamente a sólo 40 minutos de los coches. La aproximación a la base de la pared se hace entretenida sorteando bloques de granito y senderos de vegetación densa, todo aderezado con la humedad y el agua, que los días anteriores la lluvia ha dejado en Madrid. Al preparar la expedición nos damos cuenta de que nos falta material para subir las siete personas que íbamos, dos de ellas deciden quedarse esperando, al no estar muy convencidas de querer hacerlo, los cinco restantes cogemos las cuerdas, arneses, cintas exprés, mosquetones y demás utensilios y partimos hacia la cumbre con la promesa de no tardar mas de tres horas. Al paso de ese tiempo todavía nos encontramos en mitad del muro debido a diversas complicaciones, el tiempo ya no es tan agradable como por la mañana y empieza a caer alguna gota que enciende las alarmas, tenemos que darnos prisa. A las 18:00 conseguimos llegar arriba, empezando ya a anochecer y todavía nos queda el descenso, nos apresuramos a preparar todo para bajar y echamos en falta la abundancia de material, no queda otra que rapelar de manera precaria, de noche y con sólo dos luces frontales para cinco personas, conseguimos llegar a la base confiando en que nuestros amigos ya se habrían ido a las 20:00, pero allí seguían esperándonos bajo el oscuro frío de la noche cinco horas después de la acordada, por lo que se ganaron la invitación a las cervezas posteriores mientras comentábamos anécdotas del día. Volvimos a las 23:00 con una experiencia más y una sonrisa en la cara, directos a la cama.
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