miércoles, 17 de noviembre de 2010

Continuar la historia

"Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá".
Pensé que no me sacarían de ahí, que se habían olvidado de mi, que con un niño tendrían bastante, en siete minutos tuve tiempo de querer y odiar, querer salir de aquella bolsa y odiar a mi madre y mi hermano por el desinterés mostrado. Se podría decir que empecé la vida con el pie izquierdo, tenía un trauma antes de nacer, y no iba a ser fácil de superar. Mi niñez y juventud  la pasé intentando ser el primero en todo, esforzándome al máximo en  lo que hacía, ansiaba destacar por encima de los demás en especial de mi hermano, sólo quería  que mi madre estuviera orgullosa de mi que se alegrará de tener un hijo como yo, pero a sus ojos siempre era el segundo... Al terminar la carrera y ser el primero de mi promoción, me sentía vacío, deseaba más y más, mi ambición no tenia limites, pretendía ser el primero en todo y hacer ver por fin a mi madre, que podía ser, al menos, tan bueno como su primer hijito, pero ella estaba cegada, nada era suficiente. Al cumplir los 35 tenía mi propia empresa, mi propia familia y mi propia fortuna para disfrutarla, con mis seres queridos, que no eran pocos. Por el contrario mi hermano luchaba para llegar a fin de mes, y deambulaba por los bares y locales en busca de compañía barata, teníamos la misma genética las mismas capacidades de fábrica, pero el camino fue distinto. En su lecho de muerte mi madre me dijo una frase que nunca olvidaré: " ¿ Sigues pensando que el favorito era él ? "



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